Pisando fuerte
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Ibiza
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El calzado artesano se revaloriza. Lo demuestran dos marcas que siguen caminos diferentes: la tradición de Carmina Shoemaker y la innovación de Norman Vilalta. Sus zapatos se comercializan online y pisan calles de todo el mundo. 

Las redes sociales y la proliferación de blogs han revolucionado el mundo del calzado artesano. La información es accesible, los maestros zapateros comparten sus trabajos por Instagram, los clientes saben mucho más que antes. Demandan exclusividad, belleza, calidad, durabilidad y personalización, características que confluyen en el zapato artesano.

Crear un par de estos zapatos es un proceso complejo que puede durar meses. Empieza con la fabricación de la horma de madera, esculpida con cinceles y cepillos y en la que coinciden maestría, técnica y ergonomía. Sobre la horma se suele dibujar el modelo, cuyas líneas se trasladan a un patrón que indica el corte de las piezas. Se cortan una a una, se igualan en grosor y se cosen entre sí. Luego se ajustan sobre la horma para que la piel refleje sus volúmenes y formas. Y allí reposa el zapato algunos días, adquiriendo su forma definitiva.

Después se cose la vira y se rellena el hueco con materiales que permitirán a cada pie originar su propia plantilla. Se igualan los contornos, se clava el tacón y comienza el pintado, abrillantado y acabado con ceras y cremas que transmiten a la piel múltiples matices. Nacen así los mejores pares de zapatos del mundo. 

La tradición de Carmina
Carmina Shoemaker encarna la tradición peletera de la ciudad de Inca, en Mallorca. La empresa nació en 1866, cuando Matías Pujadas abrió un taller de zapatos a medida, iniciando una saga que permanece seis generaciones después. Hoy, Carmina Shoemaker firma zapatos artesanos de calidad imbatible, con tiendas en Palma, Madrid, París, Barcelona, Singapur y Nueva York.

Marlene Albadalejo es la directora creativa de la marca, diseñadora industrial que, por herencia familiar, ha terminado trabajando en el gremio zapatero. Para ella, la clave del éxito de Carmina es el uso de “materiales excelentes, un patronaje cuidado y unas hormas muy estudiadas, algo que se traduce en un estilo propio que nos diferencia de las marcas inglesas, nuestra competencia más directa”. Varios de sus modelos son auténticos objetos de deseo, como su Chelsea (botín con elástico) o la bota con hebilla Jodhpur. 

En tiempos donde prima la cantidad sobre la calidad, el zapato artesano gana adeptos. “Los excesos de oferta de poca calidad, venidos en su mayoría de Oriente, hacen que la gente aprecie lo artesanal y quiera conocer cómo y dónde se hace el producto que va embelleciendo con el uso y de enorme durabilidad”. Ante el fenómeno uniformador de las deportivas, el zapato artesano propone una manera personal de completar la imagen.  

La venta por Internet ha multiplicado la demanda. “Inicialmente pensábamos nuestro producto no sería adecuado para la venta online. Pero la sorpresa ha sido mayúscula, ya que en pocos años ha pasado a ser nuestra tienda número uno”. Este sistema permite al cliente personalizar los zapatos, seleccionando la horma, el tipo de piel y el color: “Con nuestros servicio de customización puedes tener un zapato único”. 

Un 50% de la producción se exporta, quizás algo más, ya que muchos clientes de sus tiendas en España son extranjeros. Los gustos difieren en cada país, “en Asia gustan los zapatos de horma más estilizada y suelas más finas, mientras que en Estados Unidos prefieren las más recias y armadas”. 

Las pasarelas, en continuo cambio, son un mundo alejado del zapato artesanal. Pero últimamente la moda le presta mayor atención: Barneys New York ha dedicado a Carmina un lugar preferente en sus almacenes de la calle Madison, y la revista Vanity Fair USA vistió a todos los actores de moda con los zapatos de la marca. 

Son zapatos que pueden durar toda una vida. Incluso dos: “Hay clientes jóvenes que nos confiesan que han heredado los ‘Carmina’ de sus padres, y otros, más jóvenes todavía, que los toman prestados, ¡así que también resisten el doble de puestas!”.

El innovador Vilalta
Norman Vilalta es considerado uno de los TOP mundiales del calzado artesano masculino. Nació en Puerto Madryn, en la Patagonia argentina. Se formó como abogado y ejerció como tal, hasta que descubrió que lo que más deseaba en el mundo era trabajar con las manos. Marchó a Florencia para aprender a ser zapatero en el taller de Stefano Bemer. Hoy, en su tienda-taller de Barcelona sigue considerando su trabajo parte de su formación, mejorando la con la práctica constante, creando zapatos a medida o de sus líneas ready to wear.

Para fabricar un par de zapatos a medida, el bespoke shoemaker mantiene una entrevista personal, “porque mi zapato no solo es a medida del pie, sino que intento capturar lo que el cliente quiere decir. Es casi un proyecto que hacemos en conjunto”. Con la experiencia atesorada con pies de diferentes tamaños, gustos y formas, y con una comprensión profunda de la fabricación de calzado masculino, en 2014 empezó a trabajar en su colección ready to wear, donde se siente más libre: “En el bespoke la idea es de mi cliente, mientras que en el ready to wear la pongo yo”. 

Para Norman, lo más importante del trabajo artesanal es, sobre todo, lo invisible: “Cuando coses sabes que la costura no se va a ver, pero tiene que ser bella, porque si es bella es buena”. También considera clave innovar, y se ha atrevido a hacerlo con el clásico inglés Oxford. “Me di cuenta de que su belleza radica en la armonía de la proporción de sus piezas, que tiene que ver con la divina proporción, y si tocas eso, lo arruinas. Mi manera de cambiarlo ha sido hacer esos patrones de forma asimétrica, algo que no varía la armonía ni la proporción”. Una asimetría que se ha convertido en su firma personal. 

Algunos de sus zapatos son auténticos iconos, como la bota Decon Chelsea, expuesta en el Museo del Calzado de Portugal y que lleva camino de convertirse en un nuevo clásico. Inventa pátinas, pone suelas de montaña en zapatos elegantes, transgrede, cambia. “Las cosas más importantes de los artesanos es el conocimiento y el amor, el amor filosófico, cambiar cosas para hacer avanzar la artesanía”. Por eso le conocen en todo el mundo. 

El aprendizaje es constante. “Mi objetivo sigue siendo transformar los zapatos clásicos usando la tecnología de hoy. Ser artesano no tiene que ver solo con trabajar con las manos. Si Salvatore Ferragamo estuviera vivo trabajaría con impresoras 3D. No somos un museo. Tenemos acceso a la tecnología suficiente para hacer un zapato distinto”. 

¿Cómo se forma un zapatero? “Se trata de muchos años de experiencia durante los que aprendes a pensar como un zapatero, cómo se hacen las cosas para poder mejorarlas. En nuestro taller los aprendices tienen frente a su escritorio las palabras WHY y PREPARATION. Si comprendes eso luego puedes hacer cualquier cosa”.

El cosido Goodyear
Los zapatos artesanos suelen destacar el sistema de cosido Goodyear, utilizado por las firmas más prestigiosas del mundo. Consiste en aplicar una vira (tira de cuero) que queda unida con hilo grueso a la palmilla (base interior del zapato) y al upper (parte superior o corte). Cosidas las tres partes, la costura permanece escondida entre la parte superior y la vira, siguiendo el contorno del zapato. Luego se corta o pule la piel sobrante para aplicar una pasta de materiales que adquirirán la forma de la planta del pie. Se añade una pieza (cambrillón) que refuerza la estructura y se cose la suela a la vira. El cosido se puede realizar a mano o con la máquina inventada por Charles Goodyear en 1872.

La pátina
La pátina es la coloración artística del calzado, con la que los artesanos juegan con sombras, tonos y colores. Su invención se atribuye, en los años 90, a la zapatera italiana Olga Berluti, para algunos la mejor zapatera de calzado para hombre del siglo XX. Desde entonces las pátinas se emplean para dar a los zapatos nuevos un toque añejo, dar nueva vida a un par desgastado o personalizar el calzado. En el proceso, que requiera destreza y sutileza, el cuero desnudo se impregna con aceites esenciales, pigmentos naturales y ceras. Cada maestro tiene su propio método y secretos, por lo que suele ser una información confidencial.

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