Ciudades inteligentes, la revolución invisible
© Lola Buendía
Madrid
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Lo que convierte a una ciudad en inteligente no es apreciable a simple vista. Más allá de sofisticados dispositivos o escenarios de ciencia ficción, la diferencia se encuentra en algo intangible: la gestión del conocimiento.  

Las ciudades se han convertido en centros del desarrollo económico y tecnológico mundial y concentran a más de la mitad de la población, consumiendo entre el 60% y el 80% de la energía de todo el planeta. Esta situación representa un enorme reto en materia de infraestructuras y sostenibilidad, por lo que urge la necesidad de encontrar soluciones que permitan gestionar de manera eficiente los recursos disponibles y garantizar la calidad de vida en zonas urbanas cada vez más pobladas. 

La respuesta está en las ciudades inteligentes, o smart cities, nuevos modelos de ciudad que apuestan por la tecnología para la mejora de los servicios de movilidad, conectividad, sostenibilidad e infraestructuras. Mediante la instalación de sensores y a través de sistemas de inteligencia artificial, una ciudad inteligente es capaz de obtener conocimiento a partir del análisis de los datos. El objetivo es conformar espacios de convivencia más amables, más habitables y más responsables con el medio ambiente.

Ciudades como Singapur, Viena, San Francisco o Copenhague, han sido destacadas como ejemplos en la planificación urbana inteligente y ocupan los primeros puestos en los rankings internacionales de smart cities. Pero las ciudades españolas no se quedan atrás: Barcelona, Málaga, Benidorm o Valencia trabajan en innovadores proyectos que las sitúan en la vanguardia de la tecnología al servicio de las ciudades.

Paseando por las calles de Barcelona, no es fácil apreciar la tecnología que la convierte en una smart city. No es sólo una amplia red wifi, o el innovador sistema de ascensores inteligentes en las estaciones de metro, o los nuevos autobuses eléctricos capaces de cargar sus baterías de manera rápida y en ruta. La inteligencia se aprecia, especialmente, en el acceso en todo momento a información sobre el funcionamiento de la ciudad gracias a una red de cerca de veinte mil sensores.

Repartidos por toda la ciudad, los sensores recogen y envían información en tiempo real sobre el funcionamiento de servicios como el transporte, el alumbrado público, la recogida de residuos, la salud del arbolado o el riego de los parques. A partir de estos datos, se toman decisiones que revierten en un ahorro energético y en la optimización de los recursos municipales. El ciudadano, por su parte, tiene acceso en tiempo real a información como aparcamientos, transporte público, calidad del aire o rutas turísticas.  De esta forma, la inteligencia en Barcelona tiene la función de servir a sus habitantes en la gestión de la ciudad, aportando conocimiento y facilitando la creación de espacios más sostenibles con los que hacer frente a los retos medioambientales y sociales de las mega urbes del futuro.

Para que todo esto sea posible, la conectividad tiene un papel fundamental, por lo que el despliegue de la tecnología 5G en toda la capital, previsto para este año, va a suponer un impulso definitivo hacia los estándares de smart cities. Barcelona ya ha implementado las medidas necesarias para albergar esta tecnología y aspira a convertirse en el gran laboratorio europeo del 5G. No es de extrañar que la consultora Price Waterhouse Coopers haya elegido a la capital catalana como una de las ciudades mejor preparadas para la tecnología del futuro.

Aunque existen determinados estándares que determinan el desarrollo de las ciudades inteligentes, en la práctica no existe un único modelo de smart city. En el caso de Benidorm, los primeros proyectos estuvieron ligados al turismo. A partir de ahí, la tecnología ha permitido abarcar otros sectores y hoy en día Benidorm se ha convertido en el primer destino turístico inteligente certificado con la Marca Q del Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE). Desde la Smart Office DTI de Benidorm (Oficina Técnica de Innovación e Inteligencia) se monitorizan en tiempo real datos sobre la gestión de recursos municipales, como el estado del tráfico, las cámaras de vigilancia, la red de semáforos o el servicio de limpieza de edificios públicos. Mención aparte merece la inteligencia aplicada a la gestión del agua, realizada desde el laboratorio Dinapsis, que ha permitido controlar su calidad, mejorar la adaptabilidad del recurso a la demanda y establecer planes de renovación de redes, lo que ha derivado en un mejor aprovechamiento. 

Pero para una ciudad que recibe millones de turistas cada año, especialmente atraídos por su clima, la gestión de las playas es una prioridad. Siguiendo el modelo de Playas Inteligentes de la Comunitat Valenciana, que apuesta por soluciones tecnológicas para la sostenibilidad, accesibilidad y seguridad de las playas, se han puesto en marcha acciones como el despliegue de una red wifi gratuita para el control de la afluencia de bañistas, el uso de drones de vigilancia en toda la costa y el diseño de pulseras inteligentes para informar de la localización de los niños en la playa. 

En el marco de las ciudades inteligentes, el retrato de Málaga es el de una ciudad conectada, cercana al ciudadano y que apuesta por un modelo energético que la ha convertido en una referencia en el marco internacional de las smart cities. Es en el campo de la eficiencia energética donde Málaga saca pecho. La ciudad es pionera en la integración de energías renovables, instalación de alumbrado eficiente y uso de la inteligencia artificial para el desarrollo de redes inteligentes o smart grids, un concepto que apunta a la automatización de la red eléctrica y que en Málaga ha alcanzado un nivel mucho mayor que el que ofrecen los estándares actuales.

En este sentido, la ciudad trabaja en colaboración con Endesa en el Living Lab Smart city Málaga, desde el que se ha conseguido medir en tiempo real la energía de la ciudad, gracias a una red de sensores en 37 subestaciones eléctricas y a la instalación de contadores inteligentes. Esto ha permitido, entre otras cosas, realizar un seguimiento de los consumos energéticos de los edificios municipales de Málaga, controlar la red de distribución que lleva la electricidad a los hogares y balancear la oferta y la demanda de la red de acuerdo a las necesidades de cada momento. Málaga también ha sido pionera en movilidad y accesibilidad, impulsando el transporte público y apostando por los vehículos eléctricos, que cuentan con 35 puntos de recarga de uso gratuito. Además, la ciudad fue reconocida por la Comisión Europea con el premio de turismo inteligente en la categoría de accesibilidad en el concurso European Capital of Smart Tourism 2019.

La capital valenciana trabaja desde hace años para ser un referente en smart cities y ha apostado por la transformación digital en todos los ámbitos, partiendo de la gobernanza, como demuestra la puesta en marcha del portal de transparencia, la ampliación de los servicios de administración electrónica y el lanzamiento de iniciativas de participación ciudadana siguiendo el modelo de Madrid. A esto se suma el gran esfuerzo realizado por Valencia para conocer qué es lo que sucede en cada momento en la ciudad a través de la plataforma VLCi, un “cerebro” en la nube que monitoriza la actividad de más de trescientos sensores para el control de la movilidad, los servicios públicos y el medio ambiente.

El siguiente paso para consolidar el proyecto de smart city en Valencia consiste en dotar de servicios inteligentes a más de 200 edificios municipales, entre los que se encuentran centros deportivos, museos, monumentos, mercados municipales y escuelas. El objetivo es que el ciudadano pueda realizar reservas online, consultar la disponibilidad de servicios y controlar el aforo. También en las playas se está implantando el modelo de playas inteligentes que ya funciona en la vecina Benidorm, incluyendo el despliegue de conexiones wifi, bancos con pantallas táctiles informativas y un innovador sistema de mapeo y análisis de imágenes que informará a los bañistas sobre la ocupación de las playas. El caso de Valencia pone de manifiesto como la tecnología puede incorporarse a la vida cotidiana de forma transparente para sus habitantes y contribuir a la creación de espacios de convivencia más amables, eficientes y sostenibles.

Tanto en Valencia, como en Benidorm, Málaga o Barcelona, la tecnología ya desplegada y el inminente impulso del 5G abren infinitas posibilidades al desarrollo de nuevos proyectos de ciudades inteligentes. Hasta qué punto llegarán estas tecnologías en el afán por facilitar la vida de las personas es algo que veremos en un futuro más cercano de lo que imaginamos.

Madrid, pionera en desarrollo
Madrid tiene una larga historia al frente del movimiento de las smart cities y ha sido pionera en el desarrollo de proyectos urbanos inteligentes, como la plataforma de código libre Consul, que facilita la participación de los ciudadanos madrileños en la toma de decisiones y la comparación de distintos indicadores de la gestión municipal, y que recibió el premio de Naciones Unidas al mejor servicio público en 2018. Uno de los últimos proyectos que ha puesto en marcha Madrid es el dispositivo Efibús, que mide la eficiencia de la conducción de los autobuses públicos y gracias al cual la ciudad espera dejar de emitir cerca de cuatro toneladas de dióxido de nitrógeno y 2.100 toneladas de dióxido de carbono (CO2) cada año, el equivalente a unos 1.150 coches privados.

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