Secretos del Hammam Al Ándalus
© David Felipe Arranz
Madrid
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En Occidente nos hemos olvidado de habitar el cuerpo: lo forzamos, lo doblegamos, lo moldeamos en gimnasios con un entrenador personal, pero no nos ocupamos de su memoria, de su naturalidad, de dejarlo perderse, sin prisas, por los paraísos húmedos, fragantes y secretos que nos salen al paso, como Hammam Al Ándalus

Fatigamos cada día nuestros cuerpos, que reclaman su intimidad, el descanso hidratante que les devuelva a la voluptuosidad del agua, de las formas, de las solideces multiplicadas en los reflejos intemporales de ondas, velas y vapores. Porque los cuerpos tienen su morfología y su osatura, afines de manera natural al líquido elemento y la relajación. Por eso hoy nos entregamos a la Experiencia Hammam, para relajar nuestra mente y nuestro espíritu en un espacio habitado de silencio.

Algunos hemos sentido también la fascinación por el mundo árabe y hemos sido seducidos en multitud de ocasiones por su hechizo, como en su momento lo fueron Jean Genet y Paul Bowles –de cuyas respectivas estancias en Tánger el escritor marroquí Mohamed Chukri dio cuenta en dos dietarios imprescindibles—, Alberto Moravia o Juan Goytisolo, que consagraron una parte de su narrativa a la “meca” literaria del Mediterráneo árabe. Alejandría, Beirut o la mencionada Tánger siguen envueltas en una bruma intemporal, en el lujo de los sueños. Cómo se agradece “volver” allí sin moverse de aquí, con el cuerpo libre de ropa, tras beber un vaso de té en un hammam, cubiertos con una toalla y caminando en la velada penumbra de las bóvedas de ladrillo del antiguo aljibe, siguiendo por los mármoles la luz natural de las luminarias que jalonan la ruta. Como cuando Madrid era un Mayrit de alcázares y mezquitas.

El hammam posee cualidades purísimas: nos devuelve a la docilidad de las cosas y al rito primigenio que aún nos habita sin nosotros saberlo. Después de traspasar el umbral, las abluciones de los cuerpos retrotraen a las formas mínimas y a las experiencias máximas, al contacto con lo elemental de la propia piel, de la majestuosidad del busto —tan medido y juzgado por una sociedad vigoréxica— y a la contemplación de las extremidades, que recuperan la lozanía que han ido dejando, poco a poco, pegada en el asfalto sin que nos demos cuenta. En la sociedad árabe, el quessal es el responsable de llenar los cubos de agua, dar los masajes y restregar todo el cuerpo con una manopla, enjabonar y lavar a los clientes, de cubrir los cuerpos con enormes toallas. En los baños originales se alimenta con leña el farnache —la sala de calderas—.  En nuestros baños madrileñísimos nos invitan, con delicadeza, elegancia y entrañabilidad, a elegir una de entre varias fragancias. 

Más de una guerra y de un malentendido se hubiesen evitado si políticos y diplomáticos hubiesen compartido el silencio en un oasis al alcance de unos pocos dírhams, entre bóvedas marrones y ocres con destellos dorados, los bronces pálidos y escapadizos de la luz discreta. Porque a veces, el milagro del puro renacer se manifiesta dejándose llevar simplemente por el suave empuje del agua en un hammam encendido de candelas.

El origen
El hammam original consta de una antesala o recepción donde los visitantes descansan, comparten impresiones y hablan de la actualidad. Allí son atendidos por el ‘guel-lás’, el encargado del cobro de la entrada, de guardar la ropa y los objetos de valor de los clientes; de ofrecerles limonada, té, peines y, sobre todo, el suave jabón beldi o negro, elaborado con aceite de eucalipto, aunque también en los países árabes se ofrece el gasul, una arcilla de preparación natural que sigue la fórmula atesorada por las madres y las abuelas. Tres piscinas, una de agua fría, otra templada y una muy caliente, junto a la sala del vapor, constituyen el primer recorrido que ha de seguirse antes del masaje exfoliante y vivificador. Todo dispuesto para devolver al cuerpo y al alma el oro ligero e íntimo de la vida.

David Felipe Arranz
(Valladolid, 1975), David Felipe Arranz es licenciado en Filología hispánica, Teoría de la literatura y literatura comparada y Periodismo. Es profesor asociado de Periodismo en la Universidad Carlos III, donde imparte las asignaturas de Reportaje en profundidad y Metodologías de investigación en periodismo. Es autor de varios ensayos, el cortometraje El secreto de Lisi y escribe en varios medios de comunicación. Dirige el magacín cultural El Marcapáginas en Capital Radio, Premio Antena de Plata 2018.
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